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Branding | Conceptos Jueves, 10 de Noviembre de 2011

Propietarios naturales de la marca

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En términos legales, el dueño de una marca es quien la inscribe en los organismos oficiales que se ocupan de regular y registrar el activo más importante de cualquier negocio. Sin embargo, la propia naturaleza de la marca, que depende en gran medida del imaginario colectivo, favorece una posesión inmaterial de la que son titulares todas las personas.

La propiedad legal se basa en elementos físicos como un símbolo o un nombre, los cuales constituyen una parte ínfima de aquello que debe entenderse como marca. Las relaciones de las empresas o los profesionales con el público, dan lugar a la formación de un ente que se escapa de la realidad tangible y que es imposible de patentar.

La marca establece un medio de expresión universal que adquiere idénticas cualidades culturales con independencia del territorio, otorgando a sus adeptos la condición de valedores de una cultura que sienten como propia. Por tanto, requiere de una gestión transigente por parte de sus propietarios legales, en vez de un control acérrimo que se comprende impracticable.

El ente resultante de la experiencia adquirida por aquellos que se relacionan directa o indirectamente con el negocio, se transforma en el estandarte de un estilo de vida singular. La marca se mimetiza con el conjunto de elementos que configuran la cultura de un grupo de individuos, exponiendo así su evolución al devenir de la sociedad.

La sociedad se convierte entonces en la verdadera propietaria del ente, porque son las personas quienes le insuflan vida propia, quienes la alimentan con sus opiniones y, por supuesto, con su adopción. Cuando la marca se imprime en la mente de un individuo, la compañía o el profesional dejan de tener el control total sobre ella y ceden una parte importante de la propiedad.

Al margen del entorno legislativo, que sólo considera algunos de los aspectos corpóreos de la marca, se trata de una propiedad pública debido a su dimensión colectiva. La marca es sobre todo una identidad cultural, un patrimonio intangible que debe repercutir en la sociedad, porque a pesar de carecer de un reconocimiento legal, todos somos propietarios naturales de las marcas.

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